La pasión de la ignorancia vuelve hoy con su cara más amenazante. “No hay deseo de saber”, descubrió Freud, punto clave del discurso analítico, sin el cual ¿Cómo enfocar la deriva pulsional en la que estamos atrapados actualmente los seres hablantes? Encontrar el deseo de saber en la clínica psicoanalítica pasa por el horror de saber sobre lo que nos afecta en lo más íntimo y su relación al goce. “El saber no está hecho para una pretendida humanidad, puesto que no lo desea”;, palabras de Lacan que resuenan hoy con inusitada fuerza, El avance mundial de la extrema derecha, en su alianza con el capitalismo salvaje al servicio de los intereses geopolíticos (IA e hidrocarburos), ancla su poder en el no querer saber del individuo.
Credulidad y cinismo. La paradoja que, con su inquietante lucidez plantea Hannah Arendt, parece anticipar los mecanismos contemporáneos de la propaganda populista. En “Los orígenes del totalitarismo” (1951) leemos: “En un mundo en constante cambio y cada vez más incomprensible, las masas habían llegado al punto de creer todo y nada, pensar que todo era posible y nada cierto… La propaganda de masas descubrió que su público siempre estaba dispuesto a creer lo peor, por absurdo que fuera, sin protestar si los
engañaban, convencidos de que cualquier afirmación podía ser una mentira. Por tanto, los líderes totalitarios basaban su agitación en la premisa, psicológicamente sólida, de que se podía inducir a la gente a aceptar las mentiras más fantásticas y, al día siguiente, ante la prueba irrefutable de su falsedad, declarar que siempre habían
sabido que era una mentira y que admiraban al mentiroso por su supuesta habilidad táctica”.
¿Cómo aparece hoy la capacidad para explotar la credulidad y el cinismo? La base para la manipulación de la realidad es la manipulación de la palabra, el mayor peligro para la democracia.
Trump encarna un ejemplo extremo, cuyo eco se extiende a lo largo del mundo. Su discurso inconexo: empieza con un tema y al instante deriva hacia otro totalmente distinto, sin otro conector que la ira, el resentimiento, la necesidad de dominar, el delirio narcisista.
De fondo, la hostilidad a la palabra que pacifica, explotando la sobrecarga de palabra obscena de las redes sociales, una palabra que ha obtenido el consenso de millones de personas. ¿Cómo hacerle la contra? No sin nuestra responsabilidad.
Gracias a Gianrico Carofiglio por su libro “Con parole precise”.

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