Venecia

Que un gran número de psicoanalistas europeos, de la If-EPFCL, trabajamos durante tres días el tema del síntoma, hizo que el azar apareciese en todas sus formas. En primer lugar, en cada esquina de la universidad Ca’Foscari: en el resonar del decir en una ponencia dada, ante todo, pero también en el restaurante al lado del agua, en los pasillos, y cómo no en los lavabos. A la salida, el azar cruza el puente V. Solesin (que lleva a la estación de trenes), cuyo nombre apenas está en los mapas. Está dedicado a la memoria de Valeria Solesin, una joven veneciana víctima del atentado en la sala Bataclan de París. Desde Ferrovía, el agua permite al azar despertar nuestros sentidos al ver las inefables casas que custodian el Canal ante el vaivén de vaporettos, góndolas y barcas que lo cruzan.

No lejos del puente de la Academia, aparece la TOLETTA, la librería más antigua de Venecia (1933). Encuentro con el libro Fondamenta degli incurabili (1989) de Joseph Brodsky: “El encaje vertical de las fachadas venecianas es el diseño más bello que el tiempo-alias-agua ha dejado sobre tierra firme en cualquier parte del mundo”. Pasos más allá de la librería, Lidia, una mujer mayor de dulce armonía en su cara, me muestra uno de los libros de su pequeño taller, una pequeña edición de poesía de la resistencia palestina, escrita por Giovanni Canova. Lo compro… En estos momentos, el azar me recuerda el día de la llegada al hotel, un rincón bellísimo detrás del teatro La Fenice. Cena ligera en el restaurante de al lado… Ruido de copas y grandes risas en una mesa abarrotada, ¿franceses, italianos? Una mujer joven aún, rotunda y vestida de blanco, se levanta y al pasar por mi lado oigo que dice, ¿por qué no viene a nuestra fiesta? Estoy cansada, pero su decir insistente hace que participe de su boda: es veneciana y trabaja con su marido, un oftalmólogo hebreo que vive en París. A mi lado, un joven marroquí amigo del novio. Canciones italianas y francesas se unen en un vuelo de anochecer largo. Me levanto. 

Desconcertada y feliz, subo al hotel.

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